La red de Facebook es inspirador de distopias. Es en sí una distopía en evolución. La ingenuidad de la gente que cree estar en un foro, que los que aparecen son reales, o por lo menos seres humanos que llegaron allí por simpatias y no producto de una selección de mercadeo algorítmico. Muchos creemos, suicida e ingenuamente, que podemos despertar a alguien de su engaño. No, simplemente estamos alimentando al monstruo, a la I.A, que está procesando todo lo que aparece, desde esto a nuestros correos “privados”. ¿qué hay de privado aquí, alguien puede garantizarlo? Ninguno, ni el presidente Trum, pudieron evitar ni el espionaje ni la censura de estos dioses del olimpo empresarial. Puede que no nos de la vida para ver al monstruo llegar, por lo menos, a la adolescencia. Hoy está en pañales, balbuceando las mil lenguas de la babilonia humana, aprendiendo todos los usos y costumbres, memorizando todas las caras, registrando todos los andares, todas las voces, para ...