El siglo XX inaugura el tiempo de las guerras intercontinentales. su segunda mitad dio lugar a una paz europea de casi sesenta años. La periferia del mundo, respecto a Europa, padeció conflictos parciales de “baja intensidad”, en el seno de los pueblos en proceso de descolonización. En América la guerra nunca ceso desde nuestra secesión, degeneraron en cruentos enfrentamientos civiles,y entre los estados oligárquicos resultantes. Republiquetas, intervenidas por las marinerías, endeudadas con la banca que financiaba los ejércitos mercenarios que sustentaban a sus oligarquías exportadoras.
Ese fue el escenario del siglo XX sudamericano, que tuvo sus intentos de insubordinación en la primera mitad del siglo mientras las potencias imperialistas combatían entre sí. Al fin de ese siglo quedan veinte pequeñas republicas oligárquicas mediatizadas por el capital financiero internacional a mantener la bomba de succión de riqueza. Estados reducidos a controles municipales y policiales.
El siglo XXI deja a Sudamérica bajo control total anglosajón, convertida en reserva estratégica de recursos materiales y de “espacio vital” para su expansión demográfica.
Luego de la paz europea de la segunda posguerra, de cuarenta y cinco a setenta años, según se cuenten o no las guerras de los Balcanes que sucedieron al colapso de la URSS, Europa se vuelve a preparar para una tercera guerra contra Rusia. El rearme alemán y europeo en general, el llamado a la militarización de las sociedades y de las economías europeas, el ensayo militar en Ucrania, preludio, como lo fuera la guerra civil española, de una gran guerra europea, va calentando los ánimos, desmantelando el “estado de bienestar” montado en la posguerra, para forzar la reconversión militarista de las sociedades europeas. Menuda tarea de propaganda y de control social para empujar a las generaciones europeas del segundo tercio del siglo XXI a emprender y sufrir las consecuencias de una guerra euro-asiática, cuyo primer capítulo es Rusia y su objetivo final China, o desaparecer en el intento.
¿Y, Sudamérica qué papel juega?
El papel que siempre jugo en los conflictos imperialistas: reserva de recursos estratégicos, proveer, y recibir población europea y anglosajona si las cosas van mal. Y si van bien también porque somos la última reserva de tierras disponibles para los que llaman “raza blanca”, eso que políticamente llaman “occidente”, que son aquellos que viven de los Urales al Atlántico, excluyendo a los pueblos ibéricos, expulsados de la historia desde el siglo XVIII.
Tierras templadas al sur, sub tropicales, las mas apetecidas por las tribus del norte europeo y de los anglosajones. Desarticulado el Rio de La Plata, Argentina en proceso de acelerado desmantelamiento. Uruguay, “el Gibraltar del sur”, demográficamente inexistente, con población envejecida y elites enajenadas “portuarios rentistas”, se prepara a recibir nuevamente a emigrantes europeos que previsoramente se preparan a escapar del escenario de inminente conflicto.
Esa es la explicación de muchas cosas, entre otras, del aparentemente descomunal desarrollo inmobiliario especulativo. No son simples movidas de blanqueo de capitales fugitivos. Son desplazamientos impulsados por los bien informados “agentes financieros”. No son viviendas para los que huyen de la miseria caribeña y se avienen a convertirse en esclavos informales en un país con demografía negativa, en extinción. Un gigantesco reacomodo socioeconómico está sucediendo frente a nosotros, ignorantes, distraídos por la farándula carnavalesca, sin futuro, que llena el escenario político.

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