Desde escolar me destacaba en mis redacciones pese a mis
dudas en ortografía y sintaxis. Las primeras mas contumaces que las segundas,
que fui mejorando gracias a mis lecturas. En cuanto a escribir, solo puedo hacerlo si el
asunto me sale de las tripas. Y este es uno de esos.
En el terreno vecino hay una obra de construcción. La
cuadrilla, gente joven y muy dispuesta lo hacen a destajo de ocho a dieciocho.
Muchachos de buen humor unos cuantos familiares entre sí, un padre con sus hijos,
sobrinos y un grupo de colaboradores que también pueden considerarse familia.
Esa familia que se construye desde el trabajo.
Un hecho terrible hizo que dieran por concluida la jornada
una hora antes. Uno de los miembros de la familia, un joven de veintiún años,
se había matado. Hablando con el tío me lo describió como un muchacho como
todos, trabajador, aplicado, de buen humor y mejor trato. Sin que nadie pudiera
preverlo, ni menos evitarlo, se había ahorcado. El motivo aparente, porque le
dejo su novia. No se si dejo alguna carta que explicara su decisión mortal,
pero esa era la explicación que tenían.
Ayer no vinieron hasta el mediodía, fueron al entierro y
volvieron al trabajo con el talante de siempre. La vida sigue, me dijo uno. Y
yo pensé, si somos como un ejercito que pelea sin detenerse por las bajas y
menos por los que desertan. Porque, pese al dolor, el suicidio se siente como
una deserción de la vida, un abandono de los compañeros, de la familia en el
frente de batalla. No satisfacen las explicaciones del suicida, o de sus
intérpretes. El pánico, la cobardía para enfrentar la frustración, no se pueden
aceptar como justificación. Si en la guerra la deserción lleva a la pena
capital, porque es un crimen a la comunidad. La fuga suicida lleva en sí la
pena de muerte.
Tal vez si no fuésemos tan permisivos desde la infancia, tan
indulgentes con las faltas, la conciencia del deber cumplir con la vida
evitaría estas deserciones fatales.
La vida se desvaloriza cuando matar es un acto baladí, de
menos valor que un atraco, porque la propiedad se estima mas que la vida,
estamos “cosificados” al punto de volvernos criminales en un incidente de
tránsito. Los jóvenes no valoran la vida
ajena ni la propia, actúan temerariamente porque no creen en los límites. ¡Es
que nunca nadie le ha puesto limites! ¡La libertad es lo que los demás te dejan
hacer!
La pertenencia al grupo, familia o tribu, se construye en un
entorno de limites que fijan normas de convivencia, deberes y obligaciones a
cumplir, necesarios para ser aceptados y protegidos por los demás. Y eso, desde
nos paramos sobre nuestros pies, debe estar claro. Porque dependemos de los
demás tanto como los demás dependen de nosotros para construir comunidad.
¿Por qué debe esto ser importante? ¡Porque la Patria es el
otro!
Imagen monumento .Parque B.y O, caído en las guerras civiles.

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