Pero no es
cuestión de pensar que no comprendo al
Pepe y su peripecia, no es más que la personificación de la de todo un
pueblo víctima de la simulación y la
mentira, de las élites portuarias. La “Leyenda
Patria”, creada por el poeta Zorrilla de San Martín, un “padre de la patria”
inventado por H.D, el Hermano Damasceno, autor de los textos escolares
valerianos, dibujado por el imaginativo Manuel Blanes, todo bajo los auspicios
de la clase doctoral de la Asociación Rural y del veterano de la guerra del
Paraguay, el coronel Lorenzo Latorre, capaz de reunir bajo su ala a la juventud
universitaria de las familias de ambas tradiciones fratricidas.
Los pueblos y
los individuos no escapan a sus circunstancias.
Dicen los historiadores que se ocuparon de la vida del coronel Lorenzo
Latorre, entre ellos E.de Salterain y Herrera, que Latorre nacido dentro de los
muros del Montevideo de la Guerra Grande, ocupado por las tropas de la
intervención anglo.-francesa, llena la plaza de mercenarios del todo el mundo
para sostener a un centenar de criollos emigrados de B.Aires y de rebeldes
riveristas de Montevideo, sublevados con el dinero francés y armado por el
Almirante Leblanc, nace al fin del conflicto, en 1844, hijo de un gallego
panadero y de una criolla que emigra al bando sitiador, al Cerrito de la
Victoria, donde las fuerzas federales coaligadas de Oribe ponen sitio la ciudad
desde el año 42. O sea que, condenado por su signo, Latorre termina siendo
criado por el padre , colorado, es educado en Montevideo, se hace militar
bajo el mando de V. Flores, participa en
sus levantamientos y va a la Guerra del Paraguay de donde regresa herido con
los pocos sobrevivientes de su batallón diezmado en E. Bellaco en el primer año
del conflicto. Latorre entonces se
convierte en el verdadero creador del Uruguay moderno, logra la pacificación,
la organización productiva inscripta dentro del imperio inglés, como lo reconocerá,
años después, 1898, el ex presidente Julio H. Y Obes, sobre su cargo, que
ejerció la “gerencia de una estancia cuyo directorio está en Londres”. Latorre
logra el acuerdo de los doctores de las elites partidarias, a su sombra surgen
los partidos, el Club Nacional, nucleará a los de memoria “blanca”, el club
liberal o Colorado, a los de
memorias riveristas. Ambos clubes profesan el doctrinario liberal hegemónico en
el último cuarto del siglo XIX. Luego, la “desagradecida” clase doctoral decide
expulsar a Latorre, quien termina sus días expatriado en Argentina y sus restos recién serán repatriados al
centenario, en 1976, en que la dictadura uruguaya lo toma como símbolo
inspirador, haciéndose cargo de que tanto Latorre como los militares del
proceso, habían venido a poner orden en la anarquía imperante en el
territorio. Latorre terminó con el ciclo
de las guerras civiles, por un tiempo, estos militares creyeron terminar con la
subversión tupamara y la corrupción de los partidos. Pero los militares suelen
creerse sus relatos, desconocen los verdaderos agentes del poder, tan pronto
terminan el “trabajo sucio”, son expulsados y negados por los mismos que les instigaron.
Es un viejo drama americano, son espadas sin cabeza. Ni Artigas se salvó de ser víctima de las
intrigas de las logias. Repasando el monumental Archivo Artigas, encontré un
testimonio de un inglés, allá por los años 16 o 18, que refiere a una
conversación que Artigas tuvo con un compaisano en el cual le confesó,
amargado, que estaba arrepentido de haber iniciado la guerra contra España. Hay
que hacer notar que Artigas no toma partido por la Junta de Mayo hasta febrero
o marzo del año siguiente, 1811. Hasta comienzos del año once hace incursiones
militares persiguiendo a los juntistas en territorio de Entre Ríos, siendo
destacado por el gobernador de Montevideo, Elio, a las fuerzas de Blandengues
en Colonia. Allí surgen desavenencias
con otros oficiales, situación que se mezcla con las intrigas unitarias en la
campaña, que captan a los estancieros Pedro Viera y Venancio Benavidez, los
protagonistas del levantamiento llamado “Grito de Asencio”(28-02-1811), contra
los nuevos impuestos exigidos, a instancias del gobierno central, a los
productores, para contribuir a la guerra de la independencia peninsular frente
a la ocupación napoleónica. Esas exacciones sublevaron al campo, pero en ese
movimiento no es ajena a la correspondencia enviada por la Junta Porteña de
acuerdo al plan de operaciones, diseñado por Mariano Moreno, para instigar a
los potenciales referentes de la campaña y colocarlos a favor de los juntistas.
Las cartas de Moreno lo dejan claro. Pero esto ni lo sospechaba Artigas, a
quien se le mezclaron las pujas con los oficiales por el mando de la plaza de
Colonia y sus relaciones con la gente de
la campaña. El pase de Artigas al bando
juntista porteño desequilibra la relación de fuerzas. El prestigio de Artigas
le permite juntar rápidamente un pequeño ejército que termina venciendo al
reducido destacamento de blandengues y marinos que defendían Montevideo.
Artigas era parte de la familia fundacional de Montevideo, tenía un prestigio
personal y construido por sus méritos. Y contaba con los años para ser tenido
en cuenta, 46 años, importa este detalle puesto que todos sus seguidores, luego
oficiales de renombre, son, por lo menos, diez años menores que él. Luego, vino
lo que vino, la guerra civil entre españoles donde termina venciendo el sector
porteño fiel a las logias unitarias inglesas en que se organiza el círculo
comercial portuario de ambos puertos. Por eso Artigas termina desgastándose en
esa lucha con el círculo porteño durante todo el tiempo que duran las guerras
napoleónicas en Europa. Luego, Inglaterra,
aliada de los Borbones contra Napoleón, evita aparecer en la contienda,
lo hace detrás del Imperio brasileño de los Braganza. Serán las tropas portuguesas, reforzadas por
diez mil veteranos europeos de las
guerras napoleónicas, con mando inglés del Gral Beresford, que había
participado de las llamadas invasiones inglesas de 1806-07, las que vencerán a
Artigas y lo expulsarán del territorio en 1820. Luego vendrán los pases de
bando, los acuerdos entre unitarios-masones- los enlaces familiares entre
porteños de ambos puertos, la mediación inglesa y el parto del estado oriental
en 1828.
Y, como decía
el gran Juan Manuel de Rosas, en carta a su canciller Arana en 1836, viendo la
tolerancia del presidente Manuel Oribe ante los manejos subversivos de Rivera ,
Lavalle y los unitarios exiliados en Montevideo, viéndolo impasible ante su
inminente ruina, se lamenta:. “los orientales son todos unitarios”. Y era
cierto, ya no quedaba ninguno que no fuera miembro de alguna logia masónica,*** los vínculos
cruzados de familias y juramentos facciosos. Una continuidad histórica, casi
una fatalidad cósmica, desde los acuerdos que llevaron a romper el frente
federal, separando a la Banda Oriental, la Convención Preliminar de Paz,1828, que
precede a la creación en 1830 del estado oriental. Pasando por la “paz del 8 de
Octubre de 1851, defección oriental al pacto con la Confederación
Argentina. Al reciente y recordado Pacto
del Club Naval de 1984, en que se acuerda la impunidad de los militares por sus
crímenes y latrocinios. Es nuestro
destino “perder en la liga lo que se gana en la cancha”.
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